—Un hombre que sacrifica a su esposa ya su hija para proteger la imagen de su madre no es un buen hijo. Es simplemente otro cobarde dentro de una familia que decidió llamar tradición a la crueldad.
Tres semanas después del parto, encontré a mi esposa temblando junto a una tina de pañales, mientras mi madre le ordenaba: “Lava todo o vete de esta casa”. Saqué el teléfono, guardé el vídeo y pedí una ambulancia sin discutir. Sin embargo, cuando abrió una carpeta del despacho, descubrió que aquella humillación formaba parte de un plan mucho más grave.