También descubrí transferencias por casi cuatrocientos mil pesos desde una tarjeta que yo había entregado para la recuperación de mi esposa.
A la 1:40 de la madrugada del tercer día, escuché a mi madre decir:
—Mañana viene el notario. Primero la sacamos de la empresa y después de la casa.
Cerré la computadora, conduje de regreso y llegué justo cuando levantaba la cubeta sobre Mariana.
Pero antes de llamar a la policía, necesitaba saber hasta dónde llegaba la traición.