Alejandro ordenó investigar lo ocurrido con las cartas. Descubrió que su madre había pagado a uno de sus antiguos asistentes para bloquear cualquier comunicación de Lucía. El hombre conservaba correos que confirmaban la verdad.
Cuando confrontó a su madre, ella no lo negó.
—Lo hice para proteger tu futuro —dijo.
—Me robaste nueve años con mi hijo.
—Esa mujer te habría impedido convertirte en quien eres.
Alejandro respondió con una tristeza que jamás había sentido:
—Sin mi hijo, no sé quién soy.
Cortó toda relación con su madre hasta que estuviera dispuesta a reconocer el daño y pedir perdón directamente a Lucía y a Mateo.
La operación del niño se realizó tres meses después. Alejandro pagó el tratamiento, pero cumplió una condición impuesta por Lucía: no utilizaría la enfermedad para limpiar su imagen pública ni permitiría que la prensa conociera la historia.