Alejandro recordó aquella entrevista. El periodista le había preguntado por una compañía que había fracasado años antes. Su respuesta no tenía ninguna relación con Lucía, pero ella no podía saberlo.
Una cadena de mentiras, orgullos y mensajes manipulados había separado a un padre de su hijo durante casi nueve años.
Mateo se acercó lentamente.
—Mamá, ¿este señor es mi papá?
Lucía se cubrió la boca para contener el llanto.
Alejandro se arrodilló frente al niño. Por primera vez pudo observarlo de cerca. Tenía la misma pequeña cicatriz que él sobre la ceja izquierda, aunque en el caso de Mateo era una marca de nacimiento. Sus ojos se parecían a los de Lucía, pero la forma de su rostro era idéntica a la de Alejandro cuando era pequeño.
—Creo que sí —respondió con la voz quebrada.