No contestó.
Nayeli dejó la escuela una semana después. La directora también fue removida meses más tarde, cuando salieron otros casos que habían escondido. La reputación perfecta de Alma se deshizo no porque alguien inventara algo, sino porque por fin todos dejaron de fingir que no veían.
Lucía no sanó de un día para otro. Sería mentira decirlo. Hubo terapia, noches sin dormir, miedo a volver a confiar. Pero poco a poco empezó a recuperar su voz.
Una tarde me pidió que la acompañara al parque. Llevaba una caja de zapatos. Adentro tenía notas, dibujos rotos, capturas impresas y pedazos de una etapa que ya no quería cargar. Cavó un hoyo pequeño junto a un árbol y enterró todo.
—Ya no me controla —dijo.
Yo lloré sin esconderme.
Después fui a ver a Doña Estela. Me abrió la puerta con su bata de flores y su taza de café.