—Mi mamá dice que a la hija de Tomás hay que bajarle lo orgullosa. Que su papá le debe lágrimas a mi familia.
Luego otra voz preguntaba:
—¿Y si los papás se enteran?
Nayeli respondió:
—Mi mamá arregla todo en dirección.
Ese audio cambió la historia.
La supervisión citó a la escuela. Esta vez no estábamos solos. Había otros padres, una representante oficial y la directora ya no sonreía. Alma Ríos tampoco parecía impecable. Parecía acorralada.
La representante fue clara: se abriría una investigación administrativa. Alma quedaba suspendida de manera preventiva. Nayeli sería separada del plantel mientras avanzaba el proceso. La escuela tendría que responder por omisiones y encubrimiento.
No sentí alegría. Sentí algo más pesado: una justicia tardía.
Alma me miró antes de irse.
—Tú empezaste esto —me dijo.
—No —respondí—. Yo cometí errores de adulto. Usted eligió ponerlos sobre una niña.