—Yo no.
—Entonces tendremos que trabajar en eso.
A partir de ahí la relación cambió.
Mariana ya no lo llamaba únicamente cuando tenía un problema.
Le enviaba fotos de Valentina intentando sentarse.
Le contaba las frases extrañas que Sofía inventaba.
Le preguntaba cómo estaba él.
Esa última parte resultó la más difícil para Alejandro.
Hacía mucho que nadie esperaba una respuesta sincera.
Un sábado, Mariana lo invitó a comer.
—Nada elegante —advirtió—. Hice enchiladas.
Alejandro llegó con una bolsa de juguetes.
Mariana abrió la puerta y lo miró seriamente.
—Le dije que viniera a comer. No que comprara media juguetería.
—Son dos cosas.
—Son dos cosas enormes.
Sofía apareció detrás de su madre.
—Yo creo que está bien.
Alejandro comenzó a reír.
Aquella comida se convirtió en otra.
Y después en muchas más.
A veces Alejandro llegaba con alimentos.