Asistir a reuniones escolares.
Aprender a hacer coletas horribles.
Sentarse junto a una cama hasta que una pesadilla desapareciera.
Descubrió que aquello era precisamente la vida cotidiana que durante años había imaginado con Verónica.
No ocurrió de la forma que esperaba.
Pero ocurrió.
En su primer aniversario de bodas, Mariana le entregó un paquete.
Dentro había un marco con dos cosas.
Una fotografía de su boda.
Y el viejo recibo del supermercado.
Alejandro lo miró sorprendido.
—¿Guardaste esto?
—Lo encontré semanas después en una de las bolsas.
Mariana señaló el recibo.
—Pensé en tirarlo.
—¿Por qué no lo hiciste?
—Porque toda nuestra vida empezó con esa compra.
Alejandro pasó un dedo por el borde del papel.
—Yo solo iba a comprar una cena.
—Y yo estaba intentando devolver la comida de Valentina.
—Sofía me preguntó si era un ayudador.
Mariana sonrió.
—Todavía se acuerda.