Una madre devolvió la leche de su bebé por falta de dinero… y un desconocido cambió sus vidas para siempre

Más de un año después de conocerse, Alejandro y Mariana se casaron en una ceremonia pequeña.

No hubo lujo innecesario.

Solo amigos cercanos, algunos compañeros de trabajo y dos niñas convencidas de que la boda era principalmente para ellas.

Sofía llevó una pequeña cesta con pétalos.

Se tomó su trabajo con tanta seriedad que pidió repetir el recorrido porque, según ella, había dejado un lado con menos flores.

Valentina recorrió el pasillo caminando de manera insegura y provocó más risas que cualquier discurso.

Alejandro no intentó reemplazar a nadie.

Simplemente decidió estar.

Con el tiempo se convirtió legalmente en padre de las dos niñas.

Pero para él los documentos fueron la parte menos importante.

Ser padre significaba levantarse de madrugada cuando Valentina tenía fiebre.

Escuchar durante veinte minutos una historia de Sofía que no tenía principio ni final.

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