Una madre devolvió la leche de su bebé por falta de dinero… y un desconocido cambió sus vidas para siempre

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Mariana bajó la mirada.

—Pero eso duró muy poco.

Él dio un paso hacia ella.

—Ahora ustedes son las personas que más me importan.

Mariana levantó los ojos.

—Venir aquí es la mejor parte de mi semana. Escuchar las historias de Sofía, hacer reír a Valentina, discutir con usted sobre si puedo traer regalos…

—No puede.

—Exactamente.

Mariana sonrió.

—Bien.

—¿Bien?

—Porque nosotros también lo queremos.

Alejandro sintió que algo dentro de él cedía.

No fue tristeza.

Tampoco culpa.

Fue algo parecido a volver a casa después de estar perdido durante demasiado tiempo.

Durante los meses siguientes, la amistad entre Alejandro y Mariana cambió lentamente.

Ninguno quiso apresurar nada.

Alejandro seguía hablando de Verónica.

Mariana nunca intentó competir con ese recuerdo.

Eso fue precisamente lo que permitió que él volviera a abrir una parte de sí mismo que creía cerrada.

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