—Usted me dio un espacio para respirar.
Mariana sonrió.
—Y después se quedó.
Él miró a las niñas.
—Ustedes también cambiaron mi vida.
—¿Cómo?
—Yo estaba funcionando, pero no estaba viviendo.
Su voz se volvió más baja.
—Trabajaba doce horas, volvía a una casa vacía y esperaba que llegara el día siguiente. Nada me emocionaba.
Miró a Sofía.
La niña había puesto un bloque sobre su cabeza.
—Ahora recibo mensajes para informarme de que alguien se comió tres galletas antes de cenar.
Sofía señaló a su madre.
—Fue ella.
—¡Sofía!
Todos comenzaron a reír.
Mariana observó a Alejandro durante unos segundos.
—¿Somos una especie de proyecto para usted?
La pregunta lo sorprendió.
—¿Qué?
—Una manera de sentirse mejor después de perder a Verónica.
Alejandro tardó en responder.
—Tal vez al principio ayudarla me hizo sentir que todavía podía servir para algo.