Alejandro recordó algo que Verónica decía cada vez que alguien rechazaba su ayuda por vergüenza.
“A veces aceptar también requiere valor.”
No repitió la frase.
Simplemente dijo:
—No quiero hacerla sentir incómoda. Solo quiero comprar la fórmula. Una persona ayudando a otra. Nada más.
La joven bajó la mirada hacia su bebé.
Su resistencia duró unos segundos más.
Finalmente respiró hondo.
—Está bien.
Luego levantó un dedo.
—Pero solo la fórmula.
Alejandro sonrió ligeramente.
—De acuerdo.
Se volvió hacia la cajera.
—Y tres latas más, por favor.
La mujer abrió los ojos.
—No. Eso no fue lo que acordamos.
—Con tres no tendrá que regresar mañana preocupándose por lo mismo.
—Señor…
—Alejandro.
Ella suspiró.
—Alejandro, esto ya es demasiado.
Él miró la pequeña cesta que ella llevaba.
Había pan, leche, plátanos, avena, huevos y un frasco pequeño de crema de cacahuate.