Se apartó un poco. “Claudia…”
“¿Sí?”
Por un momento, miró hacia la casa.
“Cuídate”, susurró.
“Tú también”.
Miró hacia la casa.
***
Esa tarde, estaba haciendo la cama de invitados cuando Patricia llamó a la puerta. Llevaba la vieja caja de zapatos en las manos.
“¿Puedo pasar?”.
Entró en la cocina, pero no se sentó.
“Lo siento, Claudia. Hay algo que tienes que saber sobre Elora”.
Llevaba en las manos la vieja caja de zapatos.
“¿Qué ha pasado?”
Patricia se inclinó hacia mí y me susurró:
“Nunca quiso que supieras por qué vino a quedarse contigo. Lo tenía todo planeado desde el principio”.
Miré la caja.
“¿Qué pasó?”
“Lo de la pierna rota era verdad”, añadió Patricia. “Pero antes de llamarte, me dijo que esperaba que la invitaras a venir aquí. Tenía que devolverte algo y no se atrevía a decirte dónde lo había encontrado”.