Después:
“Cuando ahorre un poco.”
Pero el dinero nunca alcanzaba.
Renta.
Comida.
Transporte.
Guardería.
Medicinas.
Cada gasto parecía pequeño por separado.
Juntos eran una pared.
—Trabajo turnos dobles cuando puedo —le contó Mariana una tarde.
Alejandro estaba sentado junto a su cama mientras Sofía dibujaba en una mesa.
—¿Y descansas cuándo?
Mariana soltó una pequeña risa.
—Algún día.
—Eso no parece un buen plan.
—No tengo otro.
Se quedó mirando a su hija.
—Quiero que tenga cosas que yo no tuve. Quiero pagarle clases de baile porque le encantan. Quiero comprarle libros. Quiero que nunca tenga que preocuparse por si alcanza para la comida.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pero parece que siempre estoy un paso atrás.
Alejandro guardó silencio.
Su propia madre había vivido algo parecido.
Él creció en un departamento pequeño con una mujer que trabajaba hasta quedar exhausta.