Durante años pensó que el mejor homenaje que podía hacerle era convertirse en un hombre exitoso.
Solo ahora empezaba a preguntarse si había entendido mal una parte de aquella lección.
—Mi mamá también trabajaba demasiado —dijo.
Mariana lo miró.
—¿En serio?
—Sí. Éramos solo ella y yo.
Alejandro sonrió.
—Por eso probablemente reconocí algunas cosas en tu departamento.
Mariana pareció avergonzarse.
—No tienes que explicar nada.
Él continuó:
—Mi madre habría entendido perfectamente lo que estás haciendo.
—A veces siento que no estoy haciendo suficiente.
—Sofía salió sola a buscar ayuda porque sabía exactamente qué hacer.
Alejandro señaló a la niña.
—Eso significa que has criado a alguien que escucha, piensa y actúa incluso cuando tiene miedo.
Mariana miró a su hija.
—Supongo que algo hice bien.
—Mucho.
Cinco días después, Mariana recibió el alta.
Mientras preparaba sus cosas, Alejandro tomó una decisión.