Cuando intentó resolver demasiado con dinero, Carmen lo frenó.
—No confundas responsabilidad con comprar un lugar.
Así que empezó por lo pequeño: llegaba cuando prometía, preguntaba antes de decidir, armaba dinosaurios con Diego, escuchaba a Mateo y practicaba escalas con Emiliano.
Una noche, Carmen lo invitó a cenar.
La casa de Zapopan era modesta, luminosa y ruidosa. Había mochilas en una silla, dibujos pegados al refrigerador y 3 bicicletas junto a la entrada.
Después del postre, los niños corrieron a su habitación y regresaron con hojas de papel.
—La maestra pidió dibujar a nuestra familia —explicó Mateo.
Alejandro miró los dibujos.
En los 3 aparecía Carmen. Aparecían ellos. Y en una esquina, con corbata demasiado grande y brazos largos, aparecía él.
Diego señaló su dibujo.
—Ese eres tú.
Alejandro sintió que la garganta se le cerraba.
—¿Puedo quedármelo?
—Es tuyo —respondió el niño, como si fuera obvio.