—Mañana cenamos en casa de mi mamá. Los niños quieren que vengas.
Alejandro sonrió.
—Voy a estar.
No sabía si algún día Carmen volvería a amarlo como antes. No sabía si terminarían juntos o si su mejor versión sería la de 2 padres capaces de criar a sus hijos con respeto.
Por primera vez, no necesitaba controlar el final.
Solo necesitaba cumplir al día siguiente.
Porque una familia no siempre se salva recuperando lo que perdió.
A veces se salva cuando alguien deja de mirar lo que pudo haber sido y decide, por fin, estar presente para lo que todavía puede ser.