Preguntas incómodas.
Preguntas que mi tío no quería responder.
Una mañana fui personalmente a presentar nueva documentación ante las autoridades.
Al salir, el sol brillaba con fuerza.
Mi abogada caminaba a mi lado.
—¿Estás segura de querer seguir hasta el final? —preguntó.
Miré a Lucía dormida en su carriola.
—Sí.
Porque aquello ya no se trataba de venganza.
Se trataba de verdad.
Había pasado demasiado tiempo creyendo que ser una buena esposa significaba callar.
Que ser una buena sobrina significaba confiar.
Que ser una buena nuera significaba soportar.
Que ser una buena mujer significaba dejar que otros decidieran por mí.
No volvería a hacerlo.
Y había otra verdad que todavía nadie conocía por completo.
La muerte de Mauricio nunca había sido para mí una sorpresa.
Aquella noche yo sabía que él se metería en la tina.