Rafael salió de la habitación.
—Puedes decidir sobre lo que te pertenece, Mauricio. No sobre una propiedad que compramos para nuestra hija antes de que te conociera.
Mauricio apretó los puños.
Entonces Daniela hizo una pregunta que cambió por completo la discusión.
—Quiero saber algo más. ¿Por qué aceptaste llevar a nuestro hijo a vivir con una mujer de noventa años que necesita cuidados permanentes mientras regalabas nuestro departamento a tu hermana?
Mauricio bajó la mirada.
Y Daniela comprendió que todavía faltaba una parte de la historia.
—Porque tu madre te ofreció algo a cambio, ¿verdad?
La expresión de Mauricio lo delató.
Daniela sintió que el corazón le golpeaba en el pecho.
—Dime qué te prometió.
Mauricio tardó varios segundos en responder.
Cuando finalmente abrió la boca, Daniela descubrió que aquel absurdo intercambio de departamentos escondía un acuerdo familiar mucho más humillante de lo que había imaginado.