El segundo problema era Valeria.
Ella, Misael y sus dos hijos rentaban un pequeño departamento en Tonalá. Meses atrás, el dueño les había anunciado un aumento importante y ellos comenzaron a quejarse de que necesitaban un lugar más grande.
Teresa encontró una solución perfecta.
Perfecta para todos excepto para Daniela.
Mauricio y Nicolás se mudarían con la abuela Amalia. Cuando Daniela saliera del hospital, también iría a vivir allí y, como todavía estaría en recuperación, supuestamente podría “hacer compañía” a la anciana durante el día.
Cuando mejorara, Teresa esperaba que Daniela cocinara, limpiara y se encargara de la mayor parte de sus cuidados.
Valeria ocuparía el departamento de Daniela.
Y cuando la abuela muriera, Mauricio recibiría su propiedad.
Después, Daniela debía transferir su departamento a Valeria.
—A ver si entendí —dijo Daniela lentamente—. Yo iba a entregar una propiedad que vale millones de pesos para que tu hermana dejara de pagar renta. Además tenía que cuidar gratis a tu abuela. Y, a cambio, quizá algún día tú recibirías un departamento viejo que ni siquiera sabemos legalmente si puede heredarse como tu madre dice.