—Mamá, estoy hablando con Daniela…
Hubo una pausa.
—Sí, entiendo.
Otra pausa.
—Déjame ver cuánto tenemos.
Daniela lo miró.
Mauricio evitó sus ojos.
Al colgar, intentó explicarse.
—Sólo necesitan ayuda temporal.
Daniela sintió una extraña serenidad.
Ya no estaba enojada.
Simplemente había entendido.
—No vas a cambiar.
—¿Qué?
—Hace dos minutos me estabas prometiendo que nuestra familia sería prioridad. Tu madre llamó y ya estás planeando entregar nuestros ahorros sin preguntarme.
—Es mi hermana.
—Y yo soy tu esposa.
Mauricio guardó silencio.
—Ése siempre ha sido el problema —continuó Daniela—. Para ti yo soy familia sólo cuando no contradigo a tu verdadera familia.
Él se puso de pie.
—¿Qué estás diciendo?
—Que quiero divorciarme.
Mauricio se quedó completamente quieto.
Tal vez esperaba otra pelea.
Tal vez esperaba lágrimas.
No hubo ninguna.
—No puedes decidir algo así de un día para otro.