Él hablando de negocios.
Ella intentando explicarle que no tenía que elegir entre su empresa y su matrimonio.
Y luego aquella respuesta que ahora sonaba mucho peor que dos años atrás.
«Tú no entiendes de negocios.»
Lucía había contestado que él ya no entendía de amor.
Después, Mateo se había ido.
Ahora estaba frente a la consecuencia de aquella decisión.
Tres niños.
Tres pequeños que llevaban sus rasgos.
Tres vidas que habían crecido sin él.
Mateo apretó los labios.
—¿Y quién compró eso?
Lucía dobló las manos frente a ella.
—La persona que apareció cuando ya no tenía otra salida.
Mateo volvió a mirar el recibo.
El nombre estaba escrito en la parte inferior.
Lo reconoció.
No era un desconocido.
Era alguien relacionado con la vida que había dejado atrás.