Y entonces entendió que la historia que Lucía estaba a punto de contarle no terminaba en el parto.
Aquel nombre explicaba quién había intervenido cuando ella estaba sola.
También explicaba por qué Lucía nunca había vendido las tierras de San Miguel del Valle, aunque durante dos años había tenido razones suficientes para hacerlo.
Mateo
tomó el recibo otra vez.
—¿Qué tuvo que ver esa persona con los niños?
—Más de lo que tú sabes.
Lucía se acercó al cajón y sacó otro objeto pequeño.
No era un documento nuevo.
Era algo que había guardado junto con la pulsera.
Mateo lo reconoció como parte de aquella etapa que había decidido borrar.
Lo miró sin tocarlo.
—¿Por qué guardaste todo esto?
Lucía respondió con una calma que le dolió más que cualquier reproche.
—Porque ellos algún día iban a preguntar por ti.