5. Fui al banco a sacar 11 millones 600 mil pesos para comprar el edificio de mis sueños, pero mi esposo ya estaba allí con mi suegra disfrazada de mí, usando mi cabello y mi identificación robada. “Solo falta decir la contraseña”, le susurró él. Me coloqué tranquilamente detrás de ambos. Cuando escuché aquella palabra que inventamos el día que nos casamos, entendí hasta dónde llegaba su traición…

Mi suegra permaneció inmóvil.

La empleada de la ventanilla observó mi identificación, después la que estaba utilizando aquella mujer y finalmente llamó discretamente al personal de seguridad.

—Señora —dijo con firmeza—, necesitamos verificar estos documentos.

Doña Elvira se volvió hacia mí con una expresión de indignación perfectamente ensayada.

—¡Esta mujer está loca! ¡Yo soy Mariana! ¡Ella es una impostora!

Algunas personas comenzaron a acercarse.

Mi suegra elevó la voz.

—¡Por favor, llamen a seguridad! ¡Esta desconocida quiere robarme!

Sonreí con una tristeza que todavía recuerdo.

—Qué ironía, doña Elvira. Usted pasó toda su vida trabajando entre actores y ahora pretende engañarme con una actuación tan mala.

—¡No sé quién es esa señora! —insistió.

—Entonces no tendrá inconveniente en demostrar quién es.

Observé la peluca.

Había pasado tantos años fabricándolas que conocía perfectamente dónde estaban las pequeñas peinetas interiores que las sujetaban.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *