5. Fui al banco a sacar 11 millones 600 mil pesos para comprar el edificio de mis sueños, pero mi esposo ya estaba allí con mi suegra disfrazada de mí, usando mi cabello y mi identificación robada. “Solo falta decir la contraseña”, le susurró él. Me coloqué tranquilamente detrás de ambos. Cuando escuché aquella palabra que inventamos el día que nos casamos, entendí hasta dónde llegaba su traición…

—No los detengan todavía. Necesito que quede registrado lo que intentan hacer.

Regresé al área de clientes.

Me coloqué justo detrás de Diego y de aquella mujer disfrazada de mí.

Ninguno notó mi presencia.

Entonces escuché a la empleada preguntar:

—Señora, ¿cuál es su palabra de seguridad?

Mi suegra sonrió bajo el maquillaje.

—Jardín de manzanos.

Era la contraseña que Diego y yo habíamos inventado cuando recién nos casamos.

Y antes de que la cajera respondiera, apoyé mi identificación vigente sobre el mostrador y dije:

—Esa contraseña ya no existe. Pero yo sí. Y quisiera saber por qué mi marido está intentando robarme junto con su madre.

PARTE 3

Diego se volvió tan bruscamente que casi tiró el dispensador de folletos.

Su rostro perdió todo color.

—Mariana… ¿Qué haces aquí?

Lo miré a los ojos.

—La pregunta es qué haces tú aquí, abrazando a una mujer que lleva mi cabello.

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