Revisaron los registros de los intentos de retiro y solicitaron que mi suegra mostrara su verdadera identificación.
Al abrir su bolso encontraron un documento doblado.
Tenía impresa una orquídea dorada.
Era un contrato de préstamo con una empresa llamada Orquídea Capital.
Como garantía figuraba el departamento de doña Elvira.
Diego arrebató una mirada al documento.
—¡Mamá! ¿Hipotecaste tu departamento?
Ella guardó silencio.
—¡Me dijiste que necesitabas dinero para una operación del corazón!
—¡Tengo problemas del corazón, Diego! —respondió indignada.
—¡Aquí dice que debes casi tres millones de pesos!
Las personas que escuchaban dejaron de murmurar.
Mi suegra se desplomó sobre una silla.
Finalmente apareció una verdad que ninguno de nosotros conocía.
Meses atrás había ingresado a un supuesto club de inversiones para mujeres, donde organizaban reuniones elegantes, servían champaña y prometían rendimientos extraordinarios.
Primero entregó sus ahorros.