No podía construir un futuro junto a alguien que había sido capaz de traicionar mi confianza de aquella manera.
Meses después me escribió para decir que finalmente tenía un empleo estable.
No respondí.
No porque le deseara el mal.
Simplemente, su nueva vida ya no era mi responsabilidad.
Lucía regresó al taller tiempo después, esta vez como aprendiz bajo la supervisión de Ofelia.
No olvidamos lo sucedido. Su regreso fue una oportunidad para reparar, aprender y demostrar con hechos que podía recuperar la confianza.
Una tarde se acercó a mí con una pregunta inesperada.
—Señora Mariana, ¿qué vamos a hacer con su trenza?
La había recuperado convertida en peluca.
Durante semanas permaneció guardada en un cajón.
Pensé que volvería a colocarla bajo la campana de cristal.
Pero finalmente tomé otra decisión.
—Vamos a darle una segunda vida.