Tres días después, los peritos confirmaron las identidades de Alejandro y Claudia.
También encontraron indicios de una alteración deliberada del sistema de ventilación y de una acumulación peligrosa de gas. El incendio había destruido gran parte de la evidencia material, pero la grabación mostraba exactamente qué había hecho Beatriz.
La investigación dejó de tratarse como una simple falla doméstica.
En el velorio de Alejandro, su madre no apareció. Seguía hospitalizada, bajo evaluación psiquiátrica. Sus familiares murmuraban que yo había provocado todo por negarme a dejarle la administración de la vinícola.
Una tía incluso me dijo frente al ataúd:
—Si hubieras sido una esposa menos orgullosa, mi sobrino estaría vivo.
La miré y respondí sin levantar la voz:
—Su sobrino intentó matarme. No voy a pedir perdón por haber sobrevivido.