Beatriz escuchó la conversación desde una ambulancia. Se llevó las manos a la boca.
—Alejandro me dijo que ese niño nunca iba a faltarle nada —murmuró.
El investigador giró hacia ella.
—¿Usted sabía que su hijo tenía otra relación?
Mi suegra quiso corregirse, pero ya era tarde. Comenzó a temblar y a repetir que todo había sido culpa mía, que yo siempre había humillado a su hijo por ganar más que él.
Cuando mencionaron la posibilidad de que Alejandro hubiera muerto, sufrió una crisis y tuvieron que trasladarla para recibir atención médica.
Yo entregué a la Fiscalía la grabación de la noche anterior, las copias de la póliza y el mensaje que había fotografiado en el celular de Alejandro.
Expliqué cuándo sospeché del peligro, dónde estaba al llamar al 911 y entregué mi registro de llamadas. Los investigadores me hicieron preguntas difíciles. Respondí a todas.