5. Vi a mi suegra cerrar la ventilación de mi bodega y abrir el gas, pero no la enfrenté. A la mañana siguiente, mi esposo preguntó: “¿Ya sacaste el vino que te pedí?”. Le dije tranquilamente que estaba cansada y le puse la llave en la mano. Después de la explosión, mi suegra corrió llorando hacia los policías… hasta que me vio aparecer y soltó una frase aterradora.

Beatriz escuchó la conversación desde una ambulancia. Se llevó las manos a la boca.

—Alejandro me dijo que ese niño nunca iba a faltarle nada —murmuró.

El investigador giró hacia ella.

—¿Usted sabía que su hijo tenía otra relación?

Mi suegra quiso corregirse, pero ya era tarde. Comenzó a temblar y a repetir que todo había sido culpa mía, que yo siempre había humillado a su hijo por ganar más que él.

Cuando mencionaron la posibilidad de que Alejandro hubiera muerto, sufrió una crisis y tuvieron que trasladarla para recibir atención médica.

Yo entregué a la Fiscalía la grabación de la noche anterior, las copias de la póliza y el mensaje que había fotografiado en el celular de Alejandro.

Expliqué cuándo sospeché del peligro, dónde estaba al llamar al 911 y entregué mi registro de llamadas. Los investigadores me hicieron preguntas difíciles. Respondí a todas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *