“Abuela, por favor no me hagas volver…” Mi nieto de 7 años lloraba después de llegar solo a mi puerta con casi 40 grados de fiebre. Su padre estaba con otra mujer y su madre también había desaparecido esa noche. Yo no los enfrenté de inmediato: cambié la cerradura, llamé a una abogada y puse sobre la mesa los estados de cuenta… porque faltaban más de 200,000 pesos del dinero del niño.

Había intentado sacar a Mateo antes de la hora.

Y cuando la escuela le dijo que debía esperar a las autoridades debido al procedimiento abierto, salió corriendo.

Entonces supe que ya no estaba enfrentándome solamente a dos padres irresponsables.

Estaba enfrentándome a dos personas acorraladas, aterradas de perder su reputación, su dinero y su hijo.

Y todavía no sabían cuál era la prueba más devastadora que el banco acababa de entregarme.

PARTE 3

El historial bancario ocupaba decenas de páginas.

No eran 180,000 pesos.

Después de sumar retiros, transferencias y cargos vinculados con la cuenta, la cantidad superaba los 216,000 pesos.

Encontré pagos realizados directamente a una tarjeta de Daniela, retiros antes de vacaciones de Alejandro y movimientos efectuados durante años en fechas que coincidían con aquellos martes y viernes en que Mateo se quedaba solo.

Llevé todo a la licenciada Patricia.

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