También había instituciones detrás de ella.
Sin embargo, la batalla emocional apenas comenzaba.
Daniela se fue a casa de sus padres y les contó que yo había “secuestrado” a su hijo.
Su madre, Teresa, me llamó furiosa.
—¿Cómo se atreve a quitarle el niño a mi hija por una discusión matrimonial?
—Señora Teresa, pregúntele dónde estuvo desde el viernes hasta el domingo.
—Me dijo que estaba ayudándola a usted.
—Nunca estuvo aquí.
Hubo silencio.
Le expliqué lo ocurrido.
Le hablé de la fiebre de Mateo, de su caminata bajo la lluvia, del hotel, de las notas y de la cuenta bancaria.
—Eso no puede ser cierto.
—Revise sus redes sociales. Después pregúntele por los 216,000 pesos.
Escuché a Daniela llorar al fondo.
—¡Mamá, ella está exagerando!
—Entonces que explique los estados de cuenta —respondí.
Teresa dejó de discutir.