“Abuela, por favor no me hagas volver…” Mi nieto de 7 años lloraba después de llegar solo a mi puerta con casi 40 grados de fiebre. Su padre estaba con otra mujer y su madre también había desaparecido esa noche. Yo no los enfrenté de inmediato: cambié la cerradura, llamé a una abogada y puse sobre la mesa los estados de cuenta… porque faltaban más de 200,000 pesos del dinero del niño.

También había instituciones detrás de ella.

Sin embargo, la batalla emocional apenas comenzaba.

Daniela se fue a casa de sus padres y les contó que yo había “secuestrado” a su hijo.

Su madre, Teresa, me llamó furiosa.

—¿Cómo se atreve a quitarle el niño a mi hija por una discusión matrimonial?

—Señora Teresa, pregúntele dónde estuvo desde el viernes hasta el domingo.

—Me dijo que estaba ayudándola a usted.

—Nunca estuvo aquí.

Hubo silencio.

Le expliqué lo ocurrido.

Le hablé de la fiebre de Mateo, de su caminata bajo la lluvia, del hotel, de las notas y de la cuenta bancaria.

—Eso no puede ser cierto.

—Revise sus redes sociales. Después pregúntele por los 216,000 pesos.

Escuché a Daniela llorar al fondo.

—¡Mamá, ella está exagerando!

—Entonces que explique los estados de cuenta —respondí.

Teresa dejó de discutir.

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