Dos días después volvió a llamarme.
Su voz era completamente distinta.
—Elena… ya revisamos todo. Mi esposo también habló con Daniela. No sabíamos nada.
—Yo tampoco quería creerlo.
—No voy a defenderla. Cuide a Mateo.
Fue extraño escuchar aquello. Durante años había temido provocar conflictos entre familias. Ahora entendía que guardar silencio no había mantenido la paz. Solo había dejado a un niño sin protección.
Las empresas de Alejandro y Daniela también se enteraron de que existía una investigación, no porque yo hubiera llamado para humillarlos, sino porque las autoridades necesitaban verificar horarios, permisos y versiones.
Las mentiras empezaron a caer una detrás de otra.
Alejandro había solicitado días libres diciendo que celebraría su aniversario con Daniela.
Daniela había dicho a compañeras que Mateo pasaría el fin de semana “con la abuela”.