“Abuela, por favor no me hagas volver…” Mi nieto de 7 años lloraba después de llegar solo a mi puerta con casi 40 grados de fiebre. Su padre estaba con otra mujer y su madre también había desaparecido esa noche. Yo no los enfrenté de inmediato: cambié la cerradura, llamé a una abogada y puse sobre la mesa los estados de cuenta… porque faltaban más de 200,000 pesos del dinero del niño.

—¿Ni mi papá?

—Nadie va a obligarte a salir esta noche.

Mateo me abrazó.

—Yo no quiero volver a quedarme solo en la oscuridad.

El domingo por la tarde las ubicaciones de Alejandro y Daniela empezaron a moverse.

Ambos regresaban.

A las cinco, mi teléfono sonó.

—¡Mamá! —gritó Alejandro—. ¿Mateo está contigo?

—Sí.

Escuché su suspiro de alivio.

—Gracias a Dios. Daniela supuestamente iba a cuidarlo, pero…

—¿Cómo estuvo Valle de Bravo?

Silencio.

—¿Qué?

—El hotel. El spa. Y la muchacha que contestó tu teléfono.

Daniela gritó al fondo:

—¿Qué muchacha, Alejandro?

Sonreí sin alegría.

—Daniela, tampoco te hagas la sorprendida. Vi tu publicación desde el hotel de Reforma. Dos copas de champaña y la mano de un hombre que no era tu esposo.

Ahora ambos gritaban.

Yo continué:

—También encontré sus notas. Las fotografié. Tengo las ubicaciones y los movimientos de la cuenta de Mateo.

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