—Todo esto pasa porque no sabe ser esposa.
A la mañana siguiente fui con el abogado.
Revisó los movimientos bancarios. En los últimos dos años Rodrigo había depositado aproximadamente doscientos sesenta mil pesos en la cuenta. Yo había aportado más de un millón cien mil. El resto provenía de rendimientos y de un bono.
—No gastes lo que él pueda reclamar como aportación hasta que se revise —me explicó—. Pero una tarjeta adicional de una cuenta a tu nombre no le daba derecho a disponer sin límites.
También confirmó que la promesa del restaurante no me convertía en deudora porque yo no la había firmado.