Adjuntaron la reservación original.
La persona que había contratado el evento no era Rodrigo.
Era Yolanda.
Ella había firmado un consumo mínimo de ciento ochenta mil pesos y había dejado por escrito que “su hijo cubriría cualquier excedente con tarjeta”.
Además, había agregado por su cuenta centros de mesa importados, botellas extra y un servicio privado de mariachi. Esos cambios habían llevado la cuenta a $286,400.
Cuando le reenvié el documento a Rodrigo tardó media hora en responder.
“No sabía que mi mamá había firmado eso.”
Por primera vez le creí.
Pero no lo absolví.
Porque sí sabía que estaba usando nuestra cuenta sin permiso. Sí sabía que planeaban sacar otros trescientos mil pesos. Sí sabía que me había mentido.
Ese mismo día Yolanda me mandó un audio.