Daniel miró a sus hijos. Era la primera vez que lo veía mirarlos sin la frase hecha de un hombre que quiere cenar para sentirse perdonado.
—Yo no sabía lo de la solicitud —dijo—. Ni lo de la escuela. Si lo hubiera
sabido, no habría traído ese contrato.
Vanessa soltó una risa breve.
—Lo habrías traído igual, Daniel. Te gusta llegar cuando el éxito ya tiene público. Ayer aplaudiste al final. Hoy quieres el papel de padre. El papel de padre se ocupa todos los días, no cuando un micrófono dice el nombre de tus hijos.
La frase me dolió porque tenía una astilla de verdad. Daniel bajó la vista. Eli no lo consintió.
—No hable de él como si nosotros no estuviéramos aquí. Si quiere ayudarnos, que no firme por nosotros. Si no puede hacer eso, que se aparte.