calle, Mason no estaba, Daniel no estaba, y Vanessa sí podía estar en cualquier parte.
A las siete llamó Rebecca.
—Mañana los recibo con alguien de fuera —dijo—. No quiero que entren solos a una sala llena de abogados de la empresa.
El nombre que me dio fue Elena Duarte. Asesora independiente. No trabajaba para Whitmore Advanced Systems ni para la universidad. Cobraba por leer despacio.
La encontramos en un café frente al campus, antes de la hora. Tenía el cabello canoso sujeto con una pinza y un maletín que había vivido más que muchos contratos. Leyó en silencio. Pasó la propuesta de inversión. Pasó el acuerdo confidencial. Se detuvo en la fecha.
—Esto está firmado antes del concurso —dijo—. Quien lo redactó ya conocía el proyecto. La pregunta no es si la idea es buena. La pregunta es quién la vio primero y con qué permiso.