y me pareció cercana. La acepté. Lo siento. La primera solicitud tiene cinco años. Después hubo más. La última pedía los archivos del proyecto de ciencias, semanas antes de la feria.
Elena no levantó la voz.
—Entonces alguien obtuvo datos escolares con una autorización que la madre niega. Eso queda anotado. No necesito que nadie me cuente el método. Necesito el hecho y el daño.
La profesora puso sobre la mesa una foto. En ella, los gemelos tenían quince años y estaban en el laboratorio de la escuela, con la misma caja todavía a medias. En la pizarra se leía la fecha. Eli señaló el sensor.
—Ese lo armamos con el motor de una secadora que mamá no pudo reparar. Si la empresa lo conocía antes, lo conocía porque alguien entró a nuestra escuela, no porque nosotros entráramos a su edificio.