Chapter 2: EL PREMIO QUE REVELÓ LA VERDAD

Vanessa retrocedió un paso, como si la frase le hubiera cerrado el abrigo.

—Te arrepentirás cuando la empresa te deje fuera. Y tú, Mason, cuando comprendas que elegiste a unos extraños.

—No son extraños —dijo Mason—. Son los que no me pidieron que mintiera.

Se fueron. El abogado murmuró que hablarían por la mañana. En la calle, el coche no arrancó enseguida. Se quedó con las luces encendidas, frente a la tintorería, como un recordatorio.

Mason se sentó por fin. Tenía las manos sucias de lluvia y de papel.

—¿Puedo quedarme esta noche? Si vuelvo, esconde lo que falta y dice que yo lo inventé.

—Puedes quedarte —respondí—. Hay una manta en el sofá. Mañana no estarás solo en ninguna oficina.

Owen le acercó el té que nadie había tocado. Eli le dejó la silla buena, la que no cojeaba. Daniel permaneció de pie, sin saber si le correspondía una taza.

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