Chapter 2: LOS HIJOS QUE EL CORONEL NEGÓ

Daniel cerró los puños y los abrió.

—Mi padre murió hace cinco años —dijo—. Cualquier autorización que lleve su nombre y se renueve ahora es una mentira con membrete. Que vengan. Esta vez no van a encontrar una casa en fiesta. Van a encontrar a la madre, al padre y a una agente que sabe contar hasta cuatro.

Desde la cama, Noah abrió los ojos. No supe cuánto había oído. Nos miró a los dos en el umbral, como si comprobara que seguíamos allí, y preguntó con la voz ronca del sueño:

—¿Ya es de día? ¿Tenemos que correr?

—Es de día —dije—. Y no vamos a correr. Vamos a quedarnos juntos hasta que el que llama a la puerta diga su nombre en voz alta.

El representante llegó a mediodía, y no llegó solo.

Desde la ventana del segundo piso vi dos coches oscuros en la entrada del hotel. De uno bajó un civil con carpeta. Del otro, un sargento que yo no conocía y una mujer con placa de visitante colgada del cuello. Lena los recibió en el vestíbulo antes de que preguntaran el número de habitación. Yo bajé con Daniel. Los niños se quedaron arriba, despiertos, con la puerta cerrada por dentro y la compañera de recepción al otro lado, tal como habíamos quedado.

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