Dejé que mi novio llevara a mi hija de 10 años al campamento de verano; pocas horas después, la directora del campamento me llamó y dijo: «Creo que tiene que venir. Se trata del hombre que la trajo

Era el número de Owen.

Llamé a la empleada del banco.

—Necesito saber si se ha abierto algún producto financiero a mi nombre sin mi autorización.

Me explicó que tendrían que revisar el caso y que, si sospechaba una suplantación de identidad, debía presentar una reclamación formal.

Antes de salir, solicité que reforzaran la seguridad de mi cuenta y cambié las contraseñas de mis servicios bancarios y de correo electrónico.
Aquella tarde, Daniel volvió a llamarme.

—He encontrado algo —dijo.

—¿Qué cosa?

—Owen me pidió hace semanas que guardara una carpeta en mi casa. Dijo que eran documentos de un proyecto. Hoy he mirado dentro porque su comportamiento me preocupa.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Qué había?

—Copias de algunos documentos. Tu nombre aparece en varios. También hay impresiones de correos electrónicos y una lista de cantidades de dinero.

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