—Siempre supiste que yo pagaba todo.
—Y tú siempre supiste que yo podía entender tus cuentas —respondí—. Por eso te molestaba que preguntara.
La jueza no resolvió el patrimonio aquel día. Ordenó continuar con las pruebas y dejó claro que los bienes sujetos a investigación penal no podían tratarse como una recompensa en el divorcio. Era un proceso distinto, con reglas distintas. Por primera vez, eso me pareció justo.
La investigación penal siguió su curso. Bernardo reconoció su participación en diversas operaciones, aunque intentó reducir su responsabilidad. Ramiro Figueroa también fue procesado por los favores que había recibido. A Héctor lo alcanzaron los registros bancarios, los mensajes de autorización y los contratos simulados.
Mi nombre apareció en algunos documentos. Pero la pericial, los comprobantes de mi viaje y los registros electrónicos ayudaron a demostrar que aquella supuesta autorización había sido fabricada. Tuve que declarar varias veces. Fue agotador. También fue la primera vez que enfrenté sus mentiras sin pedirle permiso para hablar.