—Lo siento. Las instrucciones fueron claras. Cuando esté dispuesta a disculparse, quizá podamos hablar.
La llamada terminó.
Me quedé mirando la pantalla.
Estaban celebrando.
Héctor estaba convencido de que yo no sabía sobrevivir sin él.
Aquello me daba una ventaja.
A la mañana siguiente tomé un taxi hacia un despacho jurídico en la zona de Providencia.
Había solicitado una cita con Margarita Torres, una abogada especializada en asuntos patrimoniales y litigios empresariales.
Era una mujer cercana a los cincuenta años, de cabello oscuro y expresión severa.
—Señora Verónica —comenzó—, si firmó capitulaciones matrimoniales bajo separación de bienes, no puede simplemente exigir la mitad de todo lo que posee su esposo.
—Lo sé.
—Podemos estudiar una compensación por los años dedicados al hogar, además de los bienes que legalmente le correspondan. Pero necesito conocer su situación.
Coloqué cinco documentos sobre su escritorio.