—No, compadre, yo ya gané —dijo Esteban—. Brenda es enfermera, sirvienta, cocinera y chofer… todo gratis. CrearRedes SocialesSentí que la bolsa de pan se me resbalaba de las manos.
El otro hombre se rió.
Esteban siguió:
—Está tan traumada con lo de “en la salud y en la enfermedad” que no se va a ir nunca. La tengo bien amarrada.
Me quedé sin aire.
—¿Y la herencia? —preguntó el hombre.
Esteban soltó otra carcajada.
—Todo para mi hijo, obvio. Para Tomás. Es mi sangre. Brenda solo está cuidando la casa hasta que yo me muera.
Mi pecho se partió.
Tomás.
Su hijo de otro matrimonio.
El mismo que entraba a mi casa sin saludar.
El mismo que dejaba platos sucios y me decía “señora” como si yo fuera empleada.
El mismo por quien Esteban me pedía paciencia.
—Le afectó verme así, Brenda.
Mentira.
A los dos les convenía verme agachada.
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