Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

Esteban volvió a hablar:

—Además, mientras ella me limpia el trasero, yo no gasto ni un peso. ¿Tú sabes cuánto cobra una enfermera de planta?

El hombre respondió:

—Un dineral.

—Pues yo la tengo por comida y techo.

Ahí murió algo en mí.

No lloré.

No entré a gritar.

No le aventé las conchas en la cara.

Solo di media vuelta y salí del hospital con las piernas temblando.

En el estacionamiento me senté dentro del coche.

Apreté el volante hasta que me dolieron los dedos.

Y dije bajito:

—Se acabó.

Esa noche no fui por él. Trastornosdel sueño

Mandé la ambulancia.

A ese hombre que me había visto dejar de comprar ropa, dejar de salir, dejar de dormir, dejar de existir.

—Cuelga —le dije.

Esteban intentó sonreír.

—Brenda, estás entendiendo mal.

—Cuelga.

No levanté la voz.

Eso fue lo que lo asustó.

Tomás seguía hablando.

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