Le mostré una fotografía mía cuando tenía su edad.
—Mira, cariño. Mamá también tenía el cabello así.
Lily sonrió y tocó la fotografía.
—¡Como yo!
—Exactamente, mi amor. Y eres hermosa tal como eres.
Daniel nos abrazó a las dos.
Aquella noche, mientras observaba a Lily dormir, recordé todas las veces que me había sentido diferente por mi albinismo.
Durante años había deseado parecerme a los demás. Pero ahora sabía que no tenía nada de qué avergonzarme.
Mi apariencia no demostraba por sí sola que Lily fuera mi hija, pero había despertado las sospechas que ayudaron a descubrir la verdad.
AQUEL DÍA INTENTARON ROBARNOS A NUESTRA BEBÉ, PERO NO CONSIGUIERON ARREBATARNOS NUESTRA FELICIDAD.
Hoy Lily crece sana, alegre y rodeada de amor. Valentina también está feliz junto a su familia.
Daniel y yo aprendimos a valorar cada abrazo, cada sonrisa y cada pequeño momento.
Esperamos seis años para convertirnos en padres. Y aunque nuestro comienzo estuvo lleno de miedo, nuestro futuro terminó siendo más hermoso de lo que imaginábamos.
Porque cada vez que Lily corre hacia mí gritando “¡Mamá!”, sé que todos aquellos años de espera valieron la pena.