Mi abogada ya había preparado los documentos necesarios. Nuestra casa estaba registrada a mi nombre y nos habíamos casado bajo el régimen de separación de bienes.
También teníamos estados de cuenta que mostraban los importantes depósitos que Ricardo había realizado a sus familiares sin consultarme.
Beatriz intentó interrumpirme.
—¿Vas a destruir una familia por una bofetada?
Antes de que pudiera contestar, escuchamos una voz pequeña desde el pasillo.
—Abuelita, papá quiso pegarme a mí.
Mateo estaba en la puerta de su habitación.
Llevaba su reloj infantil en la mano.
—Y después dijo que si mamá no pagaba, nos iba a echar de la casa.
Ricardo bajó la cabeza.
Mi hijo comenzó a llorar.
—Papá, yo también hice algo malo en la boda. Pero tú me enseñaste que un hombre debe cuidar a su familia. ¿Por qué nunca cuidas a mamá?