De pronto apareció una grabación que reconocí inmediatamente.
Mi boda.
El momento en que los huevos podridos caían sobre mi vestido.
Debajo habían escrito una frase burlona: La travesura más famosa de Camila.
Algunos invitados comenzaron a carcajearse.
Camila, luciendo un vestido de novia carísimo, me señaló desde el otro extremo del salón.
—¡Ahí está la protagonista de mi video favorito!
Mateo apretó mi mano.
—Mamá, ¿hoy también tengo que quedarme callado porque soy pequeño?
Me agaché y le acomodé el moño de su camisa.
—No tienes que aceptar que se burlen de alguien. Pero recuerda que tampoco debemos lastimar a los demás.
Él miró su caja.
—¿Entonces puedo jugar un poquito?
—Puedes jugar, pero con cuidado.
Nunca imaginé que interpretaría aquellas palabras de esa manera.
Minutos después, mientras Camila saludaba a los invitados, Mateo abrió su caja cerca del escenario.