PARTE 3
El viernes, a las diez y media de la mañana, estaba sentada frente a mi computadora en una sala de reuniones de mi empresa.
Sobre el escritorio tenía una taza de café, varios contratos y el informe que Julián había preparado sobre la situación de nuestra residencia.
Rodrigo había retirado sus pertenencias la noche anterior, convencido de que regresaría con Daniela para instalarse definitivamente. Por eso la empresa había recuperado el control de los accesos y dispuesto personal de seguridad en la entrada.
La camioneta Mercedes también había regresado a la flotilla corporativa.
A las once en punto, una camioneta de transporte privado se detuvo frente a la propiedad.
Rodrigo descendió primero, vestido con una camisa de diseñador y el reloj que había comprado utilizando mi tarjeta.
Detrás apareció Daniela, una joven de veintisiete años, embarazada de casi siete meses. Llevaba un vestido elegante y miraba la residencia con una sonrisa deslumbrada.