Desde la cámara exterior pude escuchar a Rodrigo.
—Bienvenida a nuestra casa, mi amor. Aquí va a crecer nuestro hijo.
Daniela se llevó una mano al vientre.
—Está preciosa. Tu exesposa sí que tenía buenos gustos.
Rodrigo soltó una carcajada.
—Lo único bueno que hizo fue trabajar para que ahora podamos disfrutarlo nosotros.
Sentí una punzada en el pecho.
Ni siquiera había terminado nuestro matrimonio y aquel hombre ya utilizaba mis años de esfuerzo como motivo de burla.
Rodrigo introdujo el código de la entrada.
Una luz roja apareció en el panel.
Volvió a intentarlo.
Nada.
Después presionó el timbre repetidamente.
Un guardia salió de la caseta y le entregó una copia de la notificación que mi abogado ya le había enviado.
—Señor Rodrigo, esta propiedad pertenece a una sociedad mercantil. Su autorización de acceso fue retirada y usted ya recibió el aviso correspondiente.